A veces la historia se escribe con rótulos. Unas pocas letras, signos o imágenes son a menudo capaces de recoger toda una época, una estética. Como prueba, os presentamos seis que ilustran la evolución de esta disciplina artesana desde finales del siglo XIX. Tipografía, arte, atrevimiento y sentido del negocio son las claves que han convertido estos rótulos en casi inmortales.

  1. El Tío Pepe (Madrid)

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    Azarosa historia la de este logo de gran solera. Obra de Luis Pérez Solero, fue instalado en 1935 en la Puerta del Sol de Madrid, donde vio pasar imperturbable la historia hasta 2011, cuando cerró el Hotel París, sobre el que siempre se alzó. Una ordenanza contra la contaminación lumínica primero y la apertura de una Apple Store en el edificio llegaron a ponerlo al borde de la desaparición. De hecho, permaneció años en un almacén hasta que la voluntad popular (50.000 firmas a favor de su restitución se llegaron a recoger) hizo que, mediante un acuerdo, fuere reinstalado frente a la Real Casa de Correos, en 2014. Allí podemos ver hoy a este insigne superviviente.

  2. El Búho de la Diagonal (Barcelona)

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    Desde 1960 lleva este búho metálico hipnotizando y fascinando a los viandantes, y manteniendo un diálogo invisible con la estatua del poeta Mosén Jacinto Verdaguer. Vivió su apogeo en los años 60 y 70 del siglo XX, momento a partir del cual dejó de ser un símbolo corporativo para poco a poco convertirse en patrimonio sentimental de la ciudad. Como en el caso anterior, una ordenanza estuvo a punto de ponerle fin a su historia a finales de los 90. Sin embargo, su carisma pudo más: Ya nadie concebía el paisaje urbano de Barcelona sin esos enormes ojos amarillos brillando en la noche. Hoy, restaurado, vive una segunda juventud.

  3. Horchatería Santa Catalina (Valencia)

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    La Horchatería Santa Catalina de Valencia abrió sus puertas en 1900. Hoy sigue siendo un concurrido referente tanto para los valencianos como para quienes visitan la ciudad. Observar las letras de su entrada es viajar en el tiempo. Las envuelve una exquisita exhibición de cerámica de Manises, una tradición de siglos que se puede disfrutar también en el interior del local. A título de curiosidad, en la entrada puede verse (con preciosistas letras grabadas) la mesa donde la infanta Isabel (hermana de Alfonso XII) se tomó una horchata en 1909.

  4. Quiteria Martín (Zaragoza)

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    Superviviente de todo un mundo de comercio urbano prácticamente extinto, el rótulo de Quiteria Martín, en Zaragoza, nos retrotrae a otra época, cuando los carteles en madera eran la norma y, a menudo, signo de clase. Como el de Santa Catalina, este rótulo sigue atendiendo a su función original: Ser reclamo para la compra de juguetes y chucherías. Más de un siglo después, la tienda Quiteria Martín, en la calle Mayor zaragozana, continúa funcionando como negocio familiar. Los vivos colores y el diseño de sus letras mantienen un increíble atractivo.

  5. Hotel Reina Victoria de Murcia

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    De la era dorada de los establecimientos hoteleros (antes de que se impusiera mundialmente el modelo masivo de Holiday Inn), hemos decido seleccionar el Reina Victoria de Murcia. Fundado en 1890 y clausurado en 1977, sigue ofreciéndonos hoy una imagen muy parecida a la que debió de gozar en sus tiempos de esplendor. Bajo sus letras metálicas, instaladas posteriormente a la inauguración, han pasado desde reyes y marajás hasta toreros y actores. Unos pocos nombres de huéspedes ilustres: Ava Gardner, Ernest Hemingway, Anthony Queen, Marisol, Lola Flores, Sara Montiel, Antonio Machín o Concha Piquer. Las elegantes letras metálicas de su entrada encarnan una época y una estética inolvidables.

  6. El Toro de Osborne

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    Este imponente toro no necesita una sola letra para hacerse reconocer. Aunque carezca de tipografía, no podíamos cerrar este artículo sin dedicarle un apartado al que quizá sea la silueta más conocida de la historia de la publicidad española. Un solo color y unas líneas le bastaron a la agencia Azor en los años 50 para crear esta imagen. Ni una palabra. A lo largo de su historia ha sufrido ataques, parodias, polémicas y problemas legales. Sin embargo, 91 ejemplares se alzan en el territorio español hoy. Es más, la ciudad de Melilla exigió contar con el suyo propio, que se construyó en 2011.

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